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La antigua Grecia alberga aun muchos aspectos curiosos, y uno de ellos se trata de cómo los antiguos griegos tomaban sus alimentos. Tenían una regla: nunca comían solos. Según Plutarco, comer solos era igual que actuar como animales.

Plutarco fue un historiador y filósofo griego que vivió durante los siglos I y II d.C. Nació en Queronea (cerca de Delfos), Grecia, alrededor del 46 d.C., y se convirtió en uno de los escritores más influyentes de su época.

"Tomar alimentos en soledad no significa que estés comiendo, sino que se estás llenando el estómago como animales", dijo Plutarco.

Ciertamente, Plutarch mantuvo una postura inamovible en contra del hecho de comer sin compañía. Destacó la importancia de hacer comidas en comunidad para los seres humanos, en contraposición a comer en soledad y comportarse como animales. Plutarco veía la hora de la comida como algo más que un momento para consumir alimentos; era una oportunidad para comunicarse, crear vínculos y hacer intercambio de experiencias con otros seres humanos.

En sus escritos, Plutarco destacó el significado social y moral de comer juntos, sugiriendo que compartir comidas fomentaba relaciones más fuertes y un sentido de comunidad entre la gente. Consideró la comida en compañía como un reflejo de ser personas civilizadas y de armonía social, en comparación con la alimentación en soledad, que veía como el comportamiento de las bestias.

La postura de Plutarco sobre comer no solo se alinea con otros valores culturales más amplios de la sociedad griega en la antigüedad, sino que entroncan con los valores de la sociedad griega actual, donde se pone mucho énfasis en la interacción social, la hospitalidad y las actividades comunales. Al promover la práctica de comer juntos, Plutarco reforzó la importancia de la conexión humana y la solidaridad como medio para fomentar una comunidad cohesionada y virtuosa.

Así que, por ese motivo los griegos de la antigua Grecia siempre comía en compañía de otros, haciendo de la comida un momento especial para hablar y estar con familia y amigos.

Los banquetes en la Antigua Grecia

En la antigüedad, a los griegos les encantaba organizar grandes fiestas llamadas banquetes. No se trataba solo de comer; se trataba de compartir y divertirse juntos. Los amigos traían comida o dinero para contribuir con los gastos.

El tipo de banquete favorito se llamaba un symposion (symposium). Constaba de dos partes: en la primera, comían un poco, y luego bebían. Antes de comenzar a beber, hacían ofrendas de bebidas a sus dioses, como Dionisio el antiguo dios griego del vino, para dar gracias anticipadas por los buenos momentos que iban a pasar. Después de comer y beber en abundancia, les gustaba jugar a juegos y entretenerse con bailes y música.

Las fiestas familiares en la antigua Grecia

Pero estos eventos sociales no eran solo para gente rica. Todo el mundo podía unirse a la diversión. Las personas de clases más humildes también se reunían para comer en celebraciones especiales. Aunque estos eventos fuesen mucho más modestos, eran eventos igual de importantes para reunir a las familias.

Porqué esto era tan importante

Más allá del mero sustento para el cuerpo, los rituales de comida comunales en la antigua Grecia encarnaban la esencia de la conexión humana y la cohesión social. Para los antiguos griegos, comer juntos no se trataba sólo de masticar alimentos; se trataba de estar juntos. Esta tradición de compartir el momento de la comida ha prevalecido e influido en el cómo los griegos celebran y comen juntos en la actualidad. Nos recuerda que la hora de la comida no se trata sólo de llenar nuestros estómagos; se trata también de alimentar a nuestros corazones con buena compañía y de compartir sentimientos.







 


El telégrafo hidráulico, inventado por los antiguos griegos ya en el siglo IV a.C., tenía la capacidad de enviar mensajes a larga distancia.

Este ingenioso aparato es considerado el primer dispositivo de telecomunicaciones del mundo. Fue diseñado con fines militares por Eneas Tacticus con el propósito de enviar mensajes preestablecidos de una manera más eficiente a través del vasto imperio de Alejandro Magno.

El funcionamiento del telégrafo hidráulico se describe en detalle en el trabajo de Eneas sobre los asedios, Poliorcetika, que fue recuperado por Polibio. Los mensajes enviados eran del tipo: “Enemigo a la vista”, “Ataque de caballería”, “Necesitamos trigo”, “Infantería en acción”, etc.

Operación de telégrafo hidráulico

El telégrafo hidráulico fue utilizado por los antiguos griegos en tiempos de guerra. Había numerosos grupos de balizas de telecomunicaciones colocados en colinas cuidadosamente seleccionadas en la antigua Grecia. Esos aparatos constaban de recipientes cilíndricos de arcilla o metal de igual tamaño llenos de agua de hasta tres codos de altura y hasta un codo de ancho, y era operados por mensajeros que se encontraban en determinadas colinas.

En cada contenedor flotaba un corcho más pequeño que la boca del contenedor, con una varilla clavada en el centro de cada corcho. Estas varillas estaban divididas en varias partes iguales, donde se sujetaban los mismos mensajes y por el mismo orden.

El operador-transmisor levantaría una antorcha encendida, indicando al operador-receptor el envío del mensaje y luego esperaría la confirmación con el levantamiento de la antorcha del receptor. A continuación, el transmisor bajaba su antorcha para señalar el inicio de la apertura simultánea de ambos grifos en sus dispositivos.

Al vaciarse el agua, los corchos con las varillas portando los mensajes descendían, y cuando el mensaje deseado aparecía en el borde del dispositivo del transmisor, este volvía a levantar la antorcha una vez más, indicando al receptor que debían proceder al cierre simultáneo de ambos grifos.

Debido a la similitud del tamaño de los dispositivos, el mensaje deseado también aparecía en el dispositivo del receptor. Era de suma importancia que hubiera una perfecta sincronía entre los operadores de transmisión y recepción. Ambos debían tener mucho cuidado de no enviar un mensaje equivocado, ya que esto sería desastroso en tiempos de guerra. La descripción del telégrafo hidráulico fue rescatada por el historiador Polibio en el siglo II a.C.

Avance en la tecnología de la comunicación

La tecnología del telégrafo hidráulico puede parecernos muy simple en la actualidad, pero su invención constituyó todo un hito en la antigua Grecia. Supuso un avance significativo en las comunicación ya que permitía enviar mensajes predeterminados a través de largas distancias.

En caso de intrusión o aproximación del enemigo, sólo verían a lo lejos los breves destellos de las antorchas, pero no podrían interceptar el mensaje de ninguna manera.



 


Gran parte, si no la mayor parte de nuestro vocabulario político actual, se la debemos a los antiguos griegos . Desde la anarquía y la democracia hasta la política misma. Pero su política y la nuestra son conceptos muy diferentes. Para un demócrata griego antiguo (de cualquier tipo), nuestro sistema democrático moderno serían denominado como “oligarquía”.

O lo que es lo mismo, unos pocos son elegidos para servir (en teoría) en nombre de toda la ciudadanía.

La explicación se debe a que ya en la antigua Grecia las elecciones se consideraban en sí mismas oligárquicas. Favorecían sistemáticamente a unos pocos y, en particular, a los pocos ciudadanos extremadamente ricos, o “oligarcas”, como ahora los llamamos familiarmente, a quienes también se les conoce como “plutócratas” o simplemente “peces gordos”.

Por otro lado, existen algunos puntos en común importantes entre las formas de pensar en política tanto antiguas como modernas. Tanto para los demócratas antiguos como para los modernos, por ejemplo, la libertad y la igualdad son esenciales: son valores políticos fundamentales. Sin embargo, para un antiguo demócrata griego la libertad no significaba sólo la libertad de participar en el proceso político, sino también la libertad en relación a la servidumbre legal: significaba no ser un esclavo.

Y la libertad de participar significaba no sólo un intercambio temporal de roles entre amos y siervos políticos cuando llega el momento de las elecciones generales o locales (o referéndums). Sino más bien la libertad de compartir el poder político, de gobernar codo con codo.

En el siglo IV a. C. , la asamblea democrática ateniense la formaban más de 6.000 ciudadanos varones adultos, los cuales se reunían aproximadamente cada nueve días. Fue un gobierno llevado a cabo mediante reuniones masivas, pero también el equivalente a celebrar un referéndum sobre cuestiones importantes cada dos semanas aproximadamente.

Igualdad antes y ahora

Hoy en día, la igualdad no es más que una quimera, al menos en términos socioeconómicos, ya que el 1% más rico de la población mundial posee tanto como el 99% restante en su conjunto. En la antigua Grecia, manejaron estas cuestiones mucho mejor, y especialmente en la antigua democracia ateniense.

A falta de datos estadísticos, se sabe que los antiguos griegos eran notoriamente menos burocráticos y que consideraban que los impuestos directos eran un insulto cívico a las personas. Pero se ha citado que la Grecia “clásica” (siglos V-IV a. C.) y especialmente la Atenas clásica eran sociedades más pobladas y urbanizadas que prácticamente cualquier otra sociedad pre-moderna, con una mayor proporción de su población viviendo por encima del nivel de mera subsistencia, y con una distribución más equitativa de la riqueza.

Esto no significa que la antigua Grecia pueda proporcionarnos siempre un ejemplo directamente transferible para ser imitado democráticamente. Actualmente no creemos en la utilidad de la esclavitud legal de otros seres humanos, ni en poseerlos como si fuesen bienes muebles. O al menos, en teoría.

Sin embargo, hay una serie de nociones y técnicas democráticas antiguas que parecen muy atractivas, para ser implementadas en la actualidad: el uso de la clasificación , por ejemplo, un método aleatorio de votación por lotería cuyo objetivo era producir una muestra representativa de funcionarios electos. O la práctica del ostracismo, que permitía a los ciudadanos votar contra un político considerado peligroso para la democracia o la estabilidad de la polis, el cual debería exiliarse durante 10 años. Así se evitaba que acumulase demasiado poder y se acababa con su carrera política.

El peor de todos los sistemas posibles.

¿Todos en realidad somos demócratas en occidente? No, si consideramos los siguientes cinco defectos arraigados de diversas formas en todos los sistemas contemporáneos.

Los ciudadanos de nuestras “democracias” pasan hasta una quinta parte de sus vidas gobernados por un partido o candidato distinto del partido o candidato por el que votó. Además, las elecciones no son, de hecho, “libres y justas”: casi invariablemente las gana el bando que gasta más dinero en campaña.

Cuando se trata de ganar elecciones lo más condenatorio de todo sería que la gran mayoría de las personas son sistemáticamente excluidas de la toma de decisiones públicas –gracias al sesgo de votos, el financiamiento de campañas y la libertad que los representantes electos se toman de simplemente ignorar con total impunidad lo prometido a sus electores.

En resumen, la democracia ha cambiado su significado de algo parecido al “poder popular” de la antigua Grecia y aparentemente ha perdido su propósito como reflejo, y mucho menos como realización de la voluntad popular.

Se puede ver bien por qué Winston Churchill alguna vez describió la democracia como el peor de todos los sistemas de gobierno. Totalitarismos y dictaduras aparte.


 

Novias por encargo

A lo largo de siglos, incontables almas humanas fueron desarraigadas de su patria en busca de una vida mejor. Entre estas se encuentran las de los que se vieron obligados a dejar sus países, para buscar un trabajo que les sacase de la miseria, y las novias por encargo de la primera mitad del siglo XX.

Eran tiempos en que las guerras mundiales, la pobreza y el hambre acechaban en el mundo, algunas mujeres tuvieron que sacrificarse para que su familia pudiera sobrevivir. Esto sucedía, por ejemplo, en la Grecia de 1922 y en otros países como Rusia y Turquía. Algo que a algunos de nosotros hoy nos cuesta imaginar. Familias con muchas hijas, que no tenían ni dote ni dinero, enviaron a sus chicas a casarse en Estados Unidos o , con hombres que la mayoría de las ocasiones nunca habían visto o sólo había visto en fotografía.

Estas novias se preparaban y amontonaban en grandes barcos que las llevaban junto con todos sus sueños, esperanzas y agonías, a lugares desconocidos para encontrarse con el hombre que las había escogido. En muchos casos el compromiso o el matrimonio – por poderes - tuvieron lugar mucho antes de que las chicas jóvenes comenzasen su viaje. Los inmigrantes griegos en tierras lejanas, buscaban mujeres griegas para crear sus familias, y las mujeres en Grecia lo vieron como un intento desesperado de sobrevivir. De hecho, todo el tema estaba basado en la necesidad de supervivencia, ya que para ellos también era cuestión de honrar y continuar el apellido familiar. Si una chica cambiaba de opinión y se negaba a cumplir con lo acordado, entonces toda la familia era marcada - ya que se les consideraba poco fiables - y ninguna otra chica de la familia podría ser escogida.

Los barcos con las novias se llenaban en toda su capacidad en cada viaje y cada novia llevaba consigo una historia personal diferente. Dolor, miedo, melancolía por la vida que viene y la vida que pierde. Amores dejados atrás. Estas mujeres no tenían ni la opción y la oportunidad de vivir un amor que las llevaría a una vida feliz o al menos a unos pocos momentos felices. No es sólo tener que emigrar, es también el esas relaciones románticas y la esperanza las que morían todos los días en el mar, desde que se embarcan, hasta el momento de llegar a su desconocido destino.

Novias por encargo
Los pactos de matrimonio se hacían a través de casamenteros, algún conocido que había emigrado antes, o a través de la parroquia del pueblo, que muchas veces mediaban para facilitar el proceso. El novio enviaba una foto y detallaba que deseaba y adjuntaba la foto de la chica que había elegido para ser su esposa. Por supuesto, las trampas eran muchas ya que muchas veces las fotos no se correspondían con la realidad. 

Entonces la situación se tornaba realmente trágica ya que muchas mujeres que embarcaron, se quedaron esperando en el muelle pero nadie las reclamó, dejándolas solas y en la calle y sin dinero para volver, algunas al borde del suicidio y otras que se vieron explotadas para poder sobrevivir. Algunas de ellas ni tan siquiera llegaron a ver ese nuevo mundo, ya que optaron por hundir su vida en las aguas del océano y de este modo evitar enfrentarse a un futuro que no querían aceptar. Almas débiles o incluso valientes, todas cargaban encima con el peso de una vida impuesta.

El director de cine Pantelis Voulgaris creó en 2004 una película, convertida ya en un clásico, a cerca de estas novias en tiempos de guerra. 700 mujeres en un barco con destino a América. De todos los puntos del país y todas con historias diferentes. Inocentes chicas con alma negra de tristeza y sonrisas amargas en los labios. En esos tiempos, no era fácil ser mujer, y menos si eras poble. Nunca es fácil ser mujer. Esto ya lo confirman los el dialogo de la protagonista con la frase "somos mujeres". Puede parecer un error gramatical pero no lo es. Simboliza todo por lo que las mujeres de aquella época tuvieron que pasar, por el mero hecho de nacer hembras.

Los matrimonios arreglados a través de casamenteros de un lado a otro del planeta, continuaron durante décadas. En 1956 el barco llamado "Kyrenia" comenzó su viaje con destino Australia. Las chicas cuando llegaron se encontraron con un mar de chicos jóvenes bien vestidos con ramos, entre los cuales debía encontrarse el que sería su futuro marido.

En Grecia hace ya cincuenta años que los matrimonios no son concertados.

Hoy leyendo sobre ellos y viendo algunas de las escasas películas que tocan este espinoso tema, nos preguntamos cómo es posible que hechos así pudiesen haber sucedido y a tan gran escala.

Sin embargo en el resto del mundo, estos tristes acontecimientos, no pertenecen al pasado ya en pleno siglo XXI, aun hay países y religiones que continúan utilizando utilizando el sistema de emparejar a los jóvenes, a través de casamenteros o con el sistema de novias por encargo.

Las cosas han cambiado drásticamente con las nuevas tecnologías, el proceso se vuelve tan anodino como comprar un par de zapatos online. Los novios - la mayoría de los casos son hombres, pero también hay mujeres que utilizan ahora ese sistema - buscan a sus futuras parejas desde la comodidad de su casa, ya que tan solo se encuentran a un clic de distancia. Se ha creado toda una industria a expensas de chicas jóvenes que literalmente se venden en línea. Los países que ofrecen chicas, como quien entra en un bazar, son muchos: Vietnam, Brasil, China, Tailandia, Ucrania, Colombia, Filipinas, Rusia, etc., y los hombres ucranianos, rusos, coreanos, ingleses y alemanes están a la cabeza de la lista en la búsqueda. Muchas de estas mujeres han sido asesinadas por sus maridos o abusadas. Sin embargo, el mercado de las novias por catálogo aguanta bien ya que el comercio de la felicidad y la esperanza no parece tener fin.

De hecho, aprovechando que el tema ya no es tabú, Netflix ha hecho un par de docuseries donde se ven casos actuales, en tiempo real.

Las personas que no tienen nada que perder más allá de sí mismas, antes se juntaban en barcos, y hoy se comercializan por internet y por las redes sociales, como productos consumibles, con la esperanza de que sus vidas mejoren.

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